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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Avance sobre un próximo libro IV

por | 1 Mar 2024 | Libros

Esta es la cuarta entrega del libro «Franco sin adjetivos», que espero resulte de interés.

  1. La II República (2ª parte)

Pero empecemos por el principio. El 10 de mayo, una multitud rodeó la sede del diario ABC en la calle Serrano de Madrid. Intervino la Guardia Civil, que disparó contra los que intentaban quemar el edificio, causando dos muertos y varios heridos. La subsiguiente manifestación en la Puerta del Sol[1] exigió la dimisión del ministro de la Gobernación, Miguel Maura. Grupos terroristas asolaron centros católicos. Por la noche, los atentados se reprodujeron, esta vez contra la Guardia Civil. De madrugada, el ministro de la Gobernación, Miguel Maura, quiso desplegar al instituto armado, pero el presidente Alcalá-Zamora y el ministro de la Guerra, Azaña, se lo impidieron argumentando la inconveniencia de reprimir al «pueblo»[2], restando importancia a lo sucedido[3].

Cuando el gobierno se hallaba reunido a primeras horas de la mañana del lunes, 11 de mayo, llegó la noticia de que la Casa Profesa de los jesuitas estaba ardiendo. Miguel Maura volvió a intentar sacar a la calle a la Guardia Civil para restablecer el orden, pero como la noche anterior, se topó con la oposición del resto, sobre todo de Manuel Azaña, quien afirmó “todos los conventos de España no valen la vida de un republicano” y “si sale la Guardia Civil, yo dimito”.

La pasividad gubernativa permitió que los terroristas quemaran varios edificios religiosos, con enormes pérdidas de patrimonio cultural[4].

La II República se había autoexigido amparar la libertad de conciencia y secularizar la sociedad española para deslegitimar la Monarquía, que se entendía fuertemente respaldada por la Iglesia. En esa línea, anunciaron su intención de crear una red de escuelas laicas, permitir el divorcio y reducir o eliminar las órdenes religiosas establecidas. En sus tres primeras semanas, el gobierno provisional aprobó una batería de medidas sedicentemente laicas[5], pero cuya verdadera voluntad era eliminar la presencia de la Iglesia Católica en la vida civil y militar.

La Iglesia, que había reaccionado con gran prudencia a los incendios sufridos, criticó con dureza estas nuevas medidas, fundamentalmente la retirada de los crucifijos de las aulas. El Nuncio declaró que no se había respetado el Concordato, lo que reducía a la ilegalidad las medidas adoptadas. La Santa Sede negó el placet al nuevo embajador de España, Luis de Zulueta. El 3 de junio, el cardenal Segura, desde Roma, declaró en una pastoral “la penosísima impresión que les habían producido ciertas disposiciones gubernativas y los agravios que había padecido la Iglesia”. La reacción de la prensa socialista fue declarar estas palabras como una “intromisión intolerable”. El gobierno provisional pidió al Vaticano que el cardenal Segura no volviese a España. El cardenal volvió a España el 11 de junio. Fue detenido el 14 de junio y expulsado.

Entre abril y septiembre de 1931, Manuel Azaña, a la sazón ministro de Guerra, desarrolló varios decretos[6] que buscaban reducir los efectivos militares[7].

Como hemos apuntado antes en un pie de página, el 30 de junio de 1931, un decreto del ministro de la Guerra (Azaña) disolvió la Academia General Militar, cuyo director (Francisco Franco) y cuerpo docente pasaban a la condición de “disponibles forzosos” desde finales del mes de julio. El 14 de julio se clausuró oficialmente la Academia con un discurso de Franco[8] en el que apeló a la disciplina y a la falta de bandera oficial[9]. Fue uno de los más conspicuos discursos de la carrera de Franco. Provocó una airada reacción de Azaña y una nota desfavorable en su hoja de servicios.

En julio de 1932, Sanjurjo se entrevistó en secreto con Franco para pedirle su apoyo en el pronunciamiento[10]que pensaba protagonizar. Franco no se lo dio[11].

El 12 de enero de 1933, durante el gobierno republicano-socialista de Manuel Azaña, aconteció la matanza de Casas Viejas[12]. Los sucesos llevaron meses después a la caída del gobierno.

[1] Donde se hallaba la sede de la Dirección General de Seguridad.

[2] El Socialista editorializó que “La reacción ha visto ya que el pueblo está dispuesto a no tolerar. Han ardido los conventos: ésa es la respuesta de la demagogia popular a la demagogia derechista”. Las logias masónicas también expresaron su malestar por la sedicente contemporización con el clero y los monárquicos. La izquierda republicana y los socialistas hablaron de conspiración monárquica y clerical.

[3] Maura informó de que algunos jóvenes del Ateneo de Madrid se estaban preparando para quemar edificios religiosos al día siguiente. Manuel Azaña le contestó que esas eran “tonterías” y que, en todo caso, de ocurrir, sería una muestra de “justicia inmanente”.…

[4] Entre los días 11 y 12 de mayo de 1931 se quemaron intencionadamente en Madrid los siguientes edificios religiosos: Casa Profesa de los jesuitas (ardió su biblioteca, la segunda mejor de España, con más de 80 000 volúmenes). Colegio de la Inmaculada y San Pedro Claver. Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI). Centro de enseñanza de Artes y Oficios (Areneros). Iglesia parroquial de Santa Teresa y San José de los Carmelitas Descalzos. Colegio de Sagrado Corazón de Chamartín. Colegio de Nuestra Señora de las Maravillas de Cuatro Caminos. Convento de las Mercedarias Calzadas de San Fernando. Colegio de María Auxiliadora de las Salesianas. Convento de las Bernardas de Vallecas.

[5] Laico significa ”independiente de cualquier confesión religiosa”.

[6] Conocidos como Ley Azaña.

[7] El 30 de junio de 1931, Manuel Azaña, entonces ministro de Guerra, cerró la Academia Militar de Zaragoza. Durante los siguientes ocho meses, Franco permaneció en situación de disponible forzoso, vigilado por tres policías que lo seguían durante las 24 horas. El 5 de febrero de 1932 fue destinado a La Coruña como jefe de la XV Brigada de Infantería de Galicia.

[8] El discurso es una pieza extraordinaria, que valora la disciplina por encima de todo, pero que no gustó a Azaña, quien en agosto de 1931 recibió a Franco y le dijo que “le había dado un gran disgusto con su proclama, que sin duda no lo había pensado bien” (Manuel Azaña, Memorias I). Por el valor de la pieza mencionada, se enlaza a continuación DISCURSO DE FRANCO A LOS CADETES DE LA ACADEMIA MILITAR DE ZARAGOZA (generalisimofranco.com). Los párrafos que se subrayan como capitales son estos. “Por ello, en estos momentos, cuando las reformas y nuevas orientaciones militares cierran las puertas de este centro, hemos de elevarnos y sobreponernos, acallando el interno dolor por la desaparición de nuestra obra, pensando con altruismo: se deshace la máquina, pero la obra queda; nuestra obra sois vosotros, los 720 oficiales que mañana vais a estar en contacto con el soldado, los que los vais a cuidar y a dirigir, los que, constituyendo un gran núcleo del Ejército profesional, habéis de ser, sin duda, paladines de la lealtad, la caballerosidad, la disciplina, el cumplimiento del deber y el espíritu de sacrificio por la Patria, cualidades todas inherentes al verdadero soldado, entre las que destaca como puesto principal la disciplina, esa excelsa virtud indispensable a la vida de los ejércitos y que estáis obligados a cuidar como la más preciada de vuestras prendas.

¡Disciplina!…, nunca buen definida y comprendida. ¡Disciplina!…, que no encierra mérito cuando la condición del mando nos es grata y llevadera. ¡Disciplina!…, que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando. Esta es la disciplina que os inculcamos, esta es la disciplina que practicamos. Este es el ejemplo que os ofrecemos”.

[9] Referencia al incidente habido tras el 14 de abril de 1931, cuando Franco no reemplazó la bandera bicolor por la tricolor y esperó a que se lo ordenaran por escrito para izarla. El 17 de abril, el nuevo capitán general de la V Región Militar, general Leopoldo Ruiz Trillo, se lo ordenó por escrito.

[10] Conocido por La Sanjurjada. Tuvo lugar el 10 de agosto de 1932 y fracasó inmediatamente. Con todo, la preocupación de Azaña no era Sanjurjo. Preguntaba constantemente: “¿Dónde está Franco?”. Estaba en La Coruña, allí destinado.

[11] Aunque los tiempos eran difíciles, era posible la convivencia. Franco manifestó a Sanjurjo que “seguiría acatando el régimen (republicano), creyendo que así cumplo con mi deber y sin pensar en nada en ninguna clase de conspiración” (Mis conversaciones privadas con Franco”, de Franco Salgado).

[12] Durante la noche del 10 de enero de 1933 y la madrugada del día 11, campesinos afiliados a la CNT iniciaron una revuelta en Casas Viejas, una población de unos 2.000 habitantes cercana a Medina Sidonia. El 11 por la mañana rodearon el cuartel de la Guardia Civil, donde se encontraban un sargento y tres guardias. Por disparos de los asaltantes, el sargento y uno de los números resultaron gravemente heridos y ambos murieron en el plazo de 48 horas. Los refuerzos que fueron llegando empezaron a detener a los presuntos responsables del ataque al cuartel de la Guardia Civil. La familia de Francisco Cruz Gutiérrez “Seisdedos”, un carbonero conocido miembro de la CNT, se refugió en casa de éste. Al intentar entrar, los policías fueron tiroteados desde el interior. Los disparos mataron a un guardia de asalto e hirieron a otro. El día 12 de madrugada llegaron a Casas Viejas desde Jerez entre 40 y 90 guardias de asalto, al mando del capitán Rojas, que había recibido la orden de acabar con la insurrección. El capitán Rojas dio orden de disparar con armas largas contra la casa de “Seisdedos” y luego, que incendiaran ésta. Dos de sus ocupantes fueron acribillados cuando salieron huyendo del fuego. Seis personas murieron dentro de la vivienda. Ordenó a tres patrullas que detuvieran a los militantes más destacados. Detuvieron a doce personas y las condujeron a la vivienda de “Seisdedos”. Les mostraron el cadáver del guardia de asalto muerto. Ante su reacción, los guardias dispararon sobre ellos. A las 4:00, todo había terminado. Tres guardias, diecinueve varones civiles, dos mujeres y un niño habían muerto.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.