- 
English
 - 
en
Spanish
 - 
es

JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Avance sobre un nuevo libro X

por | 10 May 2024 | Libros

Esta es la X entrega resumida del libro «Franco sin adjetivos», que espero resulte de interés

6. La Guerra Civil (III)

El 4 de mayo de 1938, el Estado Vaticano reconoció al gobierno de Francisco Franco, embarcado en una guerra que le enfrentaba al gobierno de la II República, que hasta ese momento era reconocido como legítimo por el Vaticano. Las tornas habían cambiado.

Mucho había tardado Roma en tomar esa decisión. Recuérdese que desde el principio de la autodeclarada II República española, los ataques a las propiedades de la Iglesia, tanto oratorios como iglesias, locales, universidades y colegios, como cualquier lugar de culto o asociado a la iglesia católica, fueron un factor permanente en la vida social y política. Más aún, desde la fraudulenta victoria del Frente Popular en las elecciones generales de febrero de 1936, la persecución devino directamente asesinato masivo, genocidio. El número de religiosos asesinados en la retaguardia republicana/frentepopulista/roja[1] fue de 6.832, de los cuales 4.184 eran sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas. Muchos de ellos, antes de su asesinato, fueron sometidos a torturas.

Esto, por lo que se refiere a los hombres y mujeres directamente dependientes de la Iglesia como personas dedicadas a servir a Dios y a los hombres. Pero es que, además, miles de seglares siguieron el mismo camino por el hecho de ser católicos. Su número agregado ascendió en todo el período 1931-1939 a 113.178 personas asesinadas.

El Vaticano sabía todo esto. Lo sabía porque era del dominio público; lo sabía por la pastoral de 30 de septiembre de 1936 firmada por el obispo Dr. Enrique Plá y Deniel[2]; lo sabía porque el 1 de julio de 1937, los obispos españoles, en una Carta Colectiva[3], denunciaron la persecución religiosa en España[4]. Y lo sabía porque en la Encíclica Divini Redemptoris[5] del papa Pío XI, publicada el 19 de marzo de 1937, éste denunciaba la situación de España bajo la revolución. Pero siguió contemporizando con el gobierno de la II República española hasta el 4 de mayo de 1938.

¿Por qué tardó tanto? Fundamentalmente por cinco razones.

La primera fue la propia dinámica del Vaticano, de su Secretaría de Estado. Es muy pausada, muy lenta, muy premiosa. O si lo quieren así, muy prudente, muy cauta, muy reflexiva. No peca de precipitación. Actúa por escalones sucesivos. Va filtrando su posición y analizando el eco. Y eso lleva tiempo.

La segunda, asociada a la primera, fue que la Santa Sede había reconocido a la II República española y, a pesar de la deriva criminal[6] de ésta, durante cinco años no hubo alternativa formal[7]. Con todo, la Santa Sede esperó dos años más.

La tercera fue que, aunque nada más empezar la Guerra Civil, los alzados pidieron el reconocimiento al Vaticano en lugar del conferido a la República, el Vaticano había dicho que no. La reacción inicial del Vaticano tras el 18 de julio fue rechazar el Alzamiento y llamar rebeldes[8] a los nacionales.  No era factible rectificar a tan corto plazo. Además, la Santa Sede no se atrevía a dar el paso porque temía que el régimen derivara en fascismo. La Santa Sede siguió reconociendo a la II República y a su embajador ante la Santa Sede, Luis de Zulueta.

La cuarta fue que Pío XI había pedido una tregua[9] al Generalísimo, quien se había negado a concederla. El Papa sabía, por los republicanos huidos a Francia, que la guerra la iba a ganar Franco porque tenía un ejército disciplinado y ordenado, mientras el ejército de la República, que inicialmente era más parecido a una banda con enfrentamientos internos que a un ejército digno de ese nombre, no había conseguido revertir la situación. Con todo, no se decidió.

La quinta fue que el Vaticano sólo movió ficha cuando comprobó que Francia estaba negociando el reconocimiento con el Estado de Franco y que el Reino Unido había llegado a acuerdos comerciales con los nacionales. Tampoco era cosa de quedarse solo.

Sólo entonces la Secretaría de Estado vaticana reconoció oficialmente al gobierno nacional de España, enviando a San Sebastián al nuncio Gaetano Cicognani. Franco había salvado a la Iglesia Católica. El pago del Vaticano fue tardío y sus secuelas, cicateras.

La deriva posterior del Vaticano con España, ya terminada la guerra, puso de relieve que el Vaticano no estaba cómodo con el régimen de Franco. Durante años, en lugar de la renovación del Concordato, sólo se produjeron acuerdos parciales en los años 1941, 1946 y 1950.

Cuando en 1951 Franco solicitó formalmente a Pío XII renovar el Concordato de 1851, las negociaciones resultaron lentas y difíciles. De hecho, la firma sólo se logró el 27 de agosto de 1953, bien poco antes de que, el 26 de septiembre de 1953, Alberto Martín Artajo, ministro de Asuntos Exteriores y James Clement Dunn, embajador de los EE. UU. en España, firmaran tres convenios bilaterales: uno sobre ayuda económica, otro de carácter defensivo y un tercero sobre ayuda para la defensa.

[1] El lector puede elegir. De las tres formas se llamaban a sí mismos.

[2] Titulada “Las dos ciudades”, en la que la Iglesia de España declaraba “Cruzada” al Movimiento Nacional.

[3] Carta Colectiva de los obispos españoles

[4] La carta fue unánime, con la excepción del cardenal Vidal y Barraquer, con jurisdicción en Barcelona, quien no firmó para evitar posibles represalias. Firmaron 8 arzobispos, 38 obispos y 5 vicarios. No pudieron firmar los 12 obispos asesinados en la zona republicana. La Iglesia no podía quedar indiferente ni permanecer neutral. En todo el mundo se publicaron 36 ediciones en 14 idiomas diferentes.

[5] Publicada el 19 de marzo de 1937. Toda la jerarquía católica (900 obispos) apoyó la legitimidad de la carta y su contenido.

[6] Pío XI reaccionó con gran dureza en un discurso pronunciado en 1931 en el Vaticano, donde afirmó que «España es igual que la URSS”.

[7] Al estallar la revolución social-comunista de Asturias en 1934, donde quemaron la catedral de Oviedo y murieron 1.341 personas (entre ellas muchos sacerdotes), el Papa consideró la ruptura de relaciones.

[8] Los documentos del Vaticano de la época fueron desclasificados bajo Juan Pablo II. En ellos aparece este dato.

[9] El Papa solicitó a Franco que declarara una tregua en diciembre de 1938. Franco respondió así: «La guerra es la guerra y esta guerra la tenemos casi terminada. Y si hacemos una tregua, las treguas sólo sirven para que el que esté perdiendo se reorganice».

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.