Esta es la XXIV entrega resumida del libro «Franco sin adjetivos», que espero resulte de interés.
9. Las relaciones internacionales (3)
El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la URSS, el socio de los nazis en la desmembración de Polonia. España mantuvo su estatus de neutralidad, pero permitió formar un grupo de voluntarios para combatir en el frente oriental. Fue la División Azul[1], comandada por el general Agustín Muñoz Grandes[2]. La expansión nacionalsocialista hacia el Este, con la ampliación posterior del teatro de operaciones a los Balcanes y a Grecia, dejó claro a Franco que esta historia había terminado para bien: Alemania no atacaría Gibraltar, ni tendría bases en Canarias, ni en las plazas españolas del Norte de África, ni entraría en el territorio peninsular. España podría recuperarse de una guerra civil devastadora de por sí y no habría más muertos españoles por decisión oficial en una nueva guerra.
Esta fue una difícil victoria para Franco y para España. Y lo fue contra el dueño de media Europa, de la misma manera que la anterior victoria lo había sido contra el futuro dueño de la otra media. No está mal.
Paralelamente, el embajador de España en Londres[3] realizó su cometido de mejorar las relaciones del régimen con el Reino Unido.[4] El 12 de febrero de 1942, España y Portugal firmaron una alianza defensiva que los reforzaba ante cualquier ataque a uno de ellos.[5] Cuando el 29 de mayo Franco supo que las tropas alemanas planeaban atacar España en caso de “ataque enemigo sobre la Península Ibérica”[6], reforzó las líneas defensivas del Pirineo. Ello fue suficiente, pero además, decidió a Franco a alejarse todavía más del III Reich y a mantener un mayor equilibrio entre el Reino Unido y los EEUU, por un lado, y Alemania por otro.
El mes de diciembre de 1942, la situación española mejoró; el día 4 de diciembre, el Reino Unido garantizó que no habría interferencias en los asuntos internos del Régimen. El día 6, el embajador Hayes informó al Departamento de Estado sobre la imparcialidad de Franco en la guerra.
Aventurando lo que sobrevendría tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Franco anticipó como inevitables los procesos de descolonización de las posesiones europeas en otros continentes, cosa que cambiaría el paisaje político internacional a partir de los años 60[7]. No sólo eso; como relató el embajador norteamericano Carlton J. Hayes en sus memorias, Franco mantenía una característicamente suya “Teoría de las tres guerras”[8], una de las cuales (la guerra contra el comunismo) iba a condicionar el futuro de Europa tras el final de la II Guerra Mundial.[9]
Hechos como la estrepitosa derrota de la Wehrmacht de febrero de 1943 en Stalingrado y la caída de Mussolini como consecuencia de la votación del Gran Consejo Fascista el 25 de julio de 1943, junto con los bombardeos en alfombra de la RAF británica sobre Hamburgo[10] el 29 de julio de 1943, anticipaban el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa en un sentido muy claro, favorable a los aliados.
Los Estados Unidos, cuya hegemonía económica y militar en Occidente era incontestable, tomaron en consideración de la posibilidad de intervenir militarmente en España. El Estado Mayor conjunto de los EE. UU. y el Reino Unido, por inspiración de general Marshall, elaboró un memorándum que sería presentado en la Conferencia de Quebec, a la que asistieron el presidente Roosevelt y el primer ministro Churchill. Por fortuna para España y los españoles, Roosevelt siguió al pie de la letra las instrucciones de Stalin: el desembarco del frente occidental sería en Normandía, no en el Cantábrico.
El 21 de octubre de 1943, el embajador Hayes solicitó al ministro conde de Jordana la retirada de la División Azul y le transmitió el malestar de Roosevelt en relación con su presencia en el frente del Este, a lo que Franco reaccionó con firmeza[11].
Entretanto, la situación económica española era muy mala. Franco solicitó ayuda a los EE. UU. Como respuesta, los Estados Unidos efectuaron envíos de trigo a través de la Cruz Roja, condicionados al mantenimiento de la neutralidad española[12]. El 22 de febrero de 1944, Churchill se dirigió a la Cámara de los Comunes con un largo parlamento orientado a quitar presión sobre Franco. El día 23, en el debate subsiguiente, Anthony Eden[13] remachó la posición de Churchill[14]. El 25 de abril retornó a España la Escuadrilla Azul, fuerza aérea asignada a la División del mismo nombre.
Franco hubo de atender simultáneamente a situaciones difíciles en distintos frentes: la enemiga de los aliados, la acción de los exiliados republicanos, la oposición monárquica en el interior y, en 1944, el maquis. En el teatro oriental de la II Guerra Mundial, rompió relaciones con el imperio japonés el 11 de abril de 1945 como consecuencia de la crueldad de las tropas niponas contra los civiles españoles residentes en Manila. La brutalidad japonesa incluyó la destrucción del consulado español, con 50 refugiados en su interior.
[1] El 21 de agosto de 1941 emprendieron a pie el recorrido de 1.000 kilómetros (que les llevó 45 días) hasta el frente norte de Rusia. Se trataba de 18.000 oficiales y soldados.
[2] En 1943, Franco retiró la División Azul. La situación era muy otra.
[3] Se trataba del Duque de Alba.
[4] Winston Churchill hubo de reconocer que la posición de España favorecía objetivamente a los aliados occidentales. Lo hizo en la Cámara de los Comunes el 25 de mayo de 1944, en unos términos de reconocimiento de la actuación de Franco, contestando a varios ataques de miembros del Partido Laborista contra el gobierno de Franco. Lo esencial se halla en esta frase: “…no hay duda de que, si España hubiera cedido a las presiones y halagos alemanes, nuestra tarea hubiera sido mucho más pesada”. (“La España franquista en sus documentos”, Fernando Díaz Plaja, diciembre 1976).
[5] Inteligente medida: España se opondrá a las presiones del Eje, en nombre propio y en el de Portugal. Portugal, gracias a sus buenas relaciones con el Reino Unido y los EE. UU., evitará cualquier injerencia de éstos en la Península.
[6] Fue la llamada “operación Ilona” que buscaba concentrar tropas para llegar hasta el Ebro y bloquear los puertos del norte.
[7] Lo hizo durante la sesión que el Consejo Nacional del Movimiento celebró el 17 de julio de 1943.
[8] Franco mantenía la teoría de que no había una sola guerra, la existente entre Alemania y los Aliados, sino que eran dos, una de ellas la ya mencionada y otra, simultánea pero no coincidente en sus actores, contra el comunismo. A partir de Pearl Harbor, con la guerra del Pacífico, las dos guerras fueron tres.
[9] Mucho tardaron los EE. UU. en entender esto, pero al cabo, el presidente Harry Truman instrumentó soluciones adecuadas en 1947, con la llamada Doctrina Truman.
[10] Que causaron 40.000 muertos (de los que 5.000 fueron niños).
[11] La guerra Mundial iba por su lado y la guerra contra el comunismo, por otro. Cada una requería sus actuaciones. Con todo, comenzó la repatriación de los divisionarios, de los cuales el primer contingente llegó por tren el 29 de octubre.
[12] El 20 de enero de 1944, Estados Unidos interrumpió el suministro de petróleo a España. En mayo lo retomó, a cambio de la reducción de la exportación de wolframio a Alemania. En esos cuatro meses se temió que la nueva invasión de Europa por las tropas aliadas, tantas veces reclamada por Stalin, tuviera lugar por la Península Ibérica. No fue así: Stalin exigió que la invasión se efectuara por el norte de Francia.
[13] Por entonces ministro de Asuntos Exteriores y líder de la Cámara de los Comunes.
[14] “En los días cumbre de la guerra, cuando estábamos solos, la actitud del gobierno español nos fue extremadamente beneficiosa”. Churchill fue incluso más allá el 25 de mayo: ”Hay que elogiar la decisión española de mantenerse fuera de la guerra”.
