Esta es la XXIII entrega resumida del libro «Franco sin adjetivos», que espero resulte de interés.
9. Las relaciones internacionales (2)
A la vista del impasse en que se hallaban las relaciones bilaterales, Hitler solicitó una entrevista personal a Franco, quien se mostró de acuerdo en mantenerla. Y a diferencia de lo ocurrido con los máximos responsables de los restantes países europeos, al menos desde 1938, Gran Bretaña incluida, Hitler se desplazó en tren hasta escasa distancia de la frontera española para pedir personalmente a Francisco Franco que entrara en la guerra al lado de Alemania.
Los planes de la Wehrmacht[1] para con España cosificaban por completo la soberanía española y convertían de facto a España en un satélite alemán. Para hacer frente al peligro, Franco adoptó dos medidas: nombrar a Serrano Suñer ministro de Exteriores[2] para privilegiar su acceso a Berlín[3] y estrechar (oportuna y magistralmente) las relaciones con Portugal.[4]
El 23 de octubre de 1940 tuvo lugar en Hendaya una reunión que marcó la Historia de España para los siguientes años. Franco, junto con Serrano Suñer[5], se entrevistó con Hitler[6]. Éste quería que España entrara en guerra para inclinar el estado de cosas a su favor y creía que Franco se lo debía por los favores que Alemania le hizo durante la Guerra Civil.[7]. No consiguió su pretensión, pues Franco eludió comprometerse, a pesar de las presiones recibidas y de la oferta de asaltar Gibraltar y de cederlo a España.
Para no enfrentarse directamente con Hitler, utilizó una doble táctica: pedir lo que Hitler no podía darle y posponer la decisión hasta ver mejor el curso de los acontecimientos. ¿Qué no podía dar la Alemania nazi a España? Armas modernas en abundancia y variedad[8] (de las que carecía el Ejército español), alimentos en cantidades enormes[9] (que escaseaban en España y no sobraban en Alemania), derivados del petróleo que España no producía y finalmente, vastos territorios de las colonias francesas en el Norte de África, que estaban bajo el control de la Francia de Pétain.
Tras el doble encuentro de Hendaya[10], no hubo más reuniones[11]. Franco ganó[12]; Hitler perdió. Franco utilizó sus pocos recursos (difirió las respuestas, exigió lo impensable, utilizó un lenguaje irritante, contradijo a Hitler en materias estratégicas y tácticas[13], pospuso las decisiones una y otra vez). ¿Hasta cuándo diferir una decisión cuya condición necesaria no se cumplía? No era fácil continuar ad infinitum con una política de procrastinación, pero las circunstancias vinieron en apoyo de Franco[14], quien el 21 de enero de 1941 rechazó de plano un ultimátum alemán (que el Embajador Von Stohrer leyó personalmente a Franco) para que España se incorporara a la guerra.[15]
Con todo, Alemania pidió la intermediación de Italia para convencer a Franco[16]. Éste se entrevistó con Mussolini en Bordighera el 12 de febrero de 1941. Mussolini salió convencido de que Franco ni quería ni podía ir a la guerra. A pesar de las presiones de Hitler, Franco mantuvo a España al margen de la II Guerra Mundial, declarando, eso sí, el status de no beligerancia. La consecuencia inmediata fue evitar a los españoles los enormes sacrificios y la destrucción que experimentaron los nacionales de los países escenario de la guerra.
Franco aseguró al Duce que España no intervendría en la guerra, de ninguna manera, pues había quedado claro que Alemania quería controlar todos los países de Europa y España no iba a ceder a ese capricho. Alemania, puntualmente informada, desistió definitivamente de intentar que España abandonara su no beligerancia.
[1] La Operación Félix consistía en atravesar España para apoderarse de Gibraltar y, dícese, entregársela a España. Serrano Suñer se sorprendió de que España fuera a ser tratada como una pieza más en la geoestrategia europea. Evidentemente, Serrano Suñer contaba con el conocimiento de las enseñanzas que se derivaban de las añagazas de Napoleón a Carlos IV, tan similares en su configuración.
[2] En lugar de Juan Beigbeder, que se encontraba en manos del Foreign Office como consecuencia de algunas relaciones personales conocidas por los británicos.
[3] Fue una buena idea. Gracias a ello, Serrano Suñer desactivó la Operación Félix en Berchtesgaden entre los días 18 y 20 de noviembre, como en breve veremos. Más tarde, la extensión de la guerra a los Balcanes, a Grecia y a la URSS arrumbó la operación, pues la Wehrmacht tuvo que ocuparse de esos frentes, abandonando la Operación Félix.
[4] Que desde hacía siglos era aliada de los británicos.
[5] Más Von Ribbentrop y los dos intérpretes, Tovar y Schmidt.
[6] Se sabe que el tren que acercaba a Franco desde San Sebastián llegó a la estación de Hendaya una hora más tarde que los trenes de Hitler y Von Ribbentrop, es decir, una hora más tarde de la prevista.
[7] Ambos comentarían la reunión despectivamente. Hitler dijo: “con estos tipos no hay nada que hacer”, y que “preferiría que me sacasen tres o cuatro muelas antes que volver a conversar con Franco”, a quien tildó de “latino charlatán” (Schmidt). Se sentía defraudado.
[8] Sobre todo, artillería pesada para defender las costas.
[9] Cien mil toneladas de trigo, inmediatamente.
[10] Hubo una primera sesión de 15:30 a 18:00 y otra, acompañada de cena, entre las 21:00 y pasadas las 0:00 del día siguiente. Von Ribbentrop siguió insistiendo ante Serrano Suñer durante toda la noche en el tren Heinrich, transporte del ministro alemán, camino de Burdeos. Fue en vano. Von Ribbentrop maldijo al jesuita Serrano y al ingrato cobarde Franco. La derrota nacional socialista en las entrevistas fue completa, incluso en materia formal.
[11] No por parte de Franco, pero sí de Serrano Suñer. Como hemos sabido por haberlo mencionado antes, fue el 19 de noviembre, almorzando en Berchtesgaden con el Conde Ciano y Von Ribbentrop primero y en una postrer entrevista con el propio Hitler esa misma tarde. Las inmensas presiones de todos ellos fueron en vano. La amenaza de situar 186 divisiones ante los Pirineos para con ellas invadir España no surtió efecto. Y Serrano Suñer cerró el enfrentamiento afirmando que “El pueblo español se opondría a cualquier invasión”. El día 20 Hungría, el día 23 Rumanía y el 24 Eslovaquia firmaron su adhesión al pacto que las llevaría a la guerra junto con Alemania.
[12] Franco había vencido a Stalin en la Guerra Civil y sabía lo que podía significar una nueva guerra. Desde 1938 había declarado la neutralidad de España en futuros acontecimientos bélicos europeos, que como sabemos comenzaron el 1 de septiembre de 1939. El Reino Unido no se había rendido y los EE. UU. entrarían en combate para apoyarle antes o después. Con el previsible dominio del mar que se auspiciaba, Franco sabía que la beligerancia le supondría ser bloqueado o invadido. Se mantuvo al margen, pues.
[13] En las que Franco no tenía rival militar, así que Hitler difícilmente podía debatir siquiera. Tan es así que, en un momento dado, se levantó a hizo ademán de finalizar la entrevista.
[14] Hitler había decidido el 5 de diciembre que el 10 de enero de 1941 iniciaría la Operación Félix, pero el 10 de diciembre, tras un telegrama del Almirante Canaris, que estaba en Madrid con Franco, Hitler renunció … temporalmente. Como dijo el mariscal Keitel en Nüremberg antes de ser ajusticiado, “el Führer no quería verse obligado a transportar sus tropas contra la cólera de Franco”. El 20 de diciembre de 1940, Hitler instruyó la Operación Barbarroja, que significaba la invasión de la Unión Soviética, materializada el 22 de junio.
[15] El ultimátum constaba de seis puntos. El primero despreciaba el esfuerzo español en la Guerra Civil y afirmaba que “Sin la ayuda del Führer y del Duce no existirían hoy ni una España Nacional ni un Caudillo”. El ultimo finalizaba así: “Si el Caudillo no decide inmediatamente unirse a la guerra de las potencias del Eje, el gobierno del Reich no puede hacer más que vaticinar el final de la España Nacional. Fin del mensaje. Firmado Ribbentrop”.
[16] No sin antes hacer llegar el ultimátum de Hitler a Franco del 20 de enero de 1941, entregado en audiencia a Franco por el embajador alemán, Von Stohrer, que y hemos visto. Hitler daba un plazo de 48 horas para la respuesta. Al no recibirla, Hitler envió un segundo ultimátum en seis puntos, el último de los cuales explicitaba que, de no unirse España a las potencias del Eje, su fin estaba próximo. Tampoco funcionó. El 6 de febrero, la carta de Hitler era plañidera. Tampoco funcionó. Todo fue inútil.
