El lector[1] acaso conozca alguna anécdota referida a José Millán-Astray. La más reiteradamente comentada contiene el intercambio de expresiones que tuvo lugar entre José Millán-Astray y Miguel de Unamuno el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, estando presentes el obispo de Salamanca, Enrique Plá y Deniel, José-María Pemán y Carmen Polo de Franco (esposa de Francisco Franco). Gentes como Hugh Thomas[2] divulgaron la especie de que nuestro protagonista había espetado a Unamuno la expresión “¡Muera la Inteligencia!” y que éste habría respondido con ese conocido por repetido “Venceréis, pero no convenceréis”. No hubo tal cosa. Fue una recreación literaria[3] sin ninguna verosimilitud[4]. Millán-Astray y Unamuno se conocían, siendo ambos ateneístas. Millán-Astray atacaba a Unamuno por su deseo de monopolizar el uso del término “inteligencia” en beneficio suyo y de sus próximos.[5]
[1] Me refiero al lector del libro “Franco sin adjetivos”, editorial SND Editores.
[2] En su obra “La Guerra Civil Española” (1961), Ruedo Ibérico, Thomas introdujo la versión de Luis Gabriel Portillo que vemos en el siguiente pie de página. Thomas, en una nota al pie, refiere la fuente (Portillo) y dice: “Nunca habrá pleno acuerdo sobre lo que se dijo y el tono en que se dijo”. Pemán, que estuvo presente, insistió 27 años después en que Unamuno no replicó a Millán-Astray, porque el general no había hablado. Y cuenta que, después de unas palabras del rector al final del acto, el legionario se levantó y dio «unos gritos arrebatados de contradicción a Unamuno». Asegura que no dijo «muera la inteligencia», sino «mueran los intelectuales», «los falsos intelectuales traidores, señores». Severiano Delgado Cruz, tras exhaustiva investigación, confirmó que todo el relato de Portillo era un mito. Andrés Trapiello ha llegado a decir que «el mito sigue siendo válido, aunque no se dijeran textualmente las palabras que conocemos». Jean-Claude Rabaté lo explica: «el espíritu, la idea permanecen y el mito creado es muy importante para escenificar el enfrentamiento histórico entre una memoria republicana y otra franquista».
[3] Adjudicada a Luis Gabriel Portillo, político de Izquierda Republicana y amigo de Unamuno, que no estuvo presente en aquella reunión (se hallaba en Madrid) y al profesor Francisco Maldonado.
[4] Su origen está en un relato que escribió en 1941 Luis G. Portillo, exiliado en Londres, para una revista literaria, Horizon, con el título «Unamuno’s Last Lecture». Portillo había sido profesor en Salamanca y conocía a Unamuno.
[5] Así lo afirma el historiador y militar José María Gárate Córdoba.
