Tras gastar más de 10 billones (10.000.000.000.000) de dólares en 30 años, destrozar las economías occidentales, alterar para peor la vida de los ciudadanos que desarrollan en ellas su existencia y arrastrase detrás de países como la República Popular China o la India, los tiempos están cambiando[1].
A pesar de los esfuerzos (financiados por el contribuyente de cada país miembro, quien lo ignoraba) de la Agencia Internacional de la Energía, el IPCC[2], la UNFCCC[3], la ONU como un todo, el Protocolo de Kioto (1997), el Acuerdo de París (2016), las Conferencias de las Partes (COP por su acrónimo inglés de Conferences of the Parties), así como del World Economic Forum (WEF)[4] y muchas organizaciones más, que se han reunido incesantemente para instrumentar una agenda delirante, el clima sigue su camino y los palos del sombrajo están cayendo con estrépito.
Porque todo este montaje se fundamentaba en premisas falsas. No es el CO2 quien gobierna el clima, así que cualquier esfuerzo para minimizar su emisión a la atmósfera (en la que el 97,1% es natural, según afirmaba el propio IPCC en 1991)

está condenado a la irrelevancia. Basta con ver la evolución de la concentración de CO2 en la atmósfera en la curva de Keeling (ilustrada con hitos globalistas inútiles) para darse cuenta de ello. El CO2 va por un lado y las temperaturas, por otro. No hay correlación, no hay causación.

Y además, a las actuales concentraciones de CO2 atmosférico (426 ppm, es decir, partes por millón), éste no puede influir de manera significativa en las temperaturas.

El clima es un complejísimo sistema caótico con múltiples variables operando simultáneamente, con comportamientos indeterminables. En última instancia es el sol quien decide. El sol, no los humanos. El sol, no los humanos occidentales capitalistas. El sol, que no es manipulable por intereses socialistas de control de las poblaciones y de los sistemas económicos y políticos.
Hasta 2025, todas las organizaciones e instituciones que han visto en el segundo párrafo de este escrito, más la inmensa mayoría de las universidades punteras, millares de ONGs dedicadas venalmente a asuntos climáticos y grandes empresarios, han insistido en que Occidente debía alcanzar una situación de Net Zero, es decir, emitir el mismo CO2 que pudiera absorber. Eso pasaba por potenciar de manera excluyente las energías solar y eólica. Y eso nos condenaba a la miseria progresiva a todos los ciudadanos, menos a los privilegiados del poder y aledaños. Era un gran negocio, nos ponía a los pies de la República Popular China y garantizaba la destrucción de las economías de mercado.
Y entonces llegó Donald Trump y mandó parar. Todos sabemos que las energías solar y eólica[5], lastradas estructuralmente por su intermitencia, no pueden ayudar a los países menos desarrollados a salir de su letargo económico, ni pueden alimentar la Inteligencia Artificial, ni garantizan la seguridad del suministro en red, ni pueden existir sin respaldo de energías tradicionales. Simplemente, no pueden. En parte por esos motivos, en estos momentos funcionan en el mundo 6.500 plantas de generación eléctrica alimentadas por carbón, en tanto 1.000 más están en fase de construcción[6]. Ellas solas proporcionan en torno al 35% de la energía eléctrica, y creciendo.
Siguiendo el conocido aforismo que reza “lo que no puede ser no puede ser y además, es imposible”, se han producido súbitas conversiones a la verdadera fe. Veamos ejemplos.
En 2021, Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, había asegurado que “si los gobiernos son serios en relación con la crisis climática, no puede haber más inversiones en petróleo, gas y carbón desde este momento». Ahora (2025), el mismo Birol asegura en el IEA World Energy Outlook[7] que la demanda de petróleo se seguirá incrementando hasta 2050 y que el consumo de gas aumentará un 30% hasta 2050, si las cosas siguen así. No se le ha movido un músculo, pues lo importante es seguir siendo director ejecutivo de la AIE.
En 2020, Larry Fink (que es el CEO de Blackrock) decía que pensaba utilizar los billones (de doce ceros) de dólares que gestionaba para enfrentar el “cambio climático”. Hace un mes[8], en 2026, ya era de otra opinión, afirmando que “uno no puede fiarse sólo de fuentes intermitentes como eólica y solar”. Y es cierto, pero también lo era en 2020.
Bill Gates, fundador de Microsoft, escribió en 2021 un libro, “Cómo evitar un desastre climático”, en efecto, pero a finales de 2025 criticó a la comunidad climática por su perspectiva cataclísmica[9] y cortoplacista en relación con las emisiones de gases de efecto invernadero a corto plazo, afirmando que “nuestro objetivo debería ser aliviar los sufrimientos de los más pobres”[10].
En 2020, Google aseguró que trabajaría solamente con energías ”limpias” (las comillas son mías) en el año 2030. En 2024, sin embargo, reconoció que no iba a ser posible[11]. En 2020, British Petroleum lanzó una campaña de relaciones públicas cambiando su nombre tradicional por Beyond Petroleum[12]. Se comprometió a reducir la producción de gas y de petróleo en un 40% en 2030 y a incrementar las inversiones en renovables. Cosa similar hicieron Shell, ExxonMobil y Chevron. Cuando se dieron cuenta de que la rentabilidad caía, a pesar de los subsidios, BP y Shell desanduvieron el camino en 2025.
Tras la toma de posesión del nuevo presidente norteamericano, las instituciones financieras norteamericanas, en masa, abandonaron la Net Zero Banking Alliance y decenas se salieron de la Climate Action 100+[13]. También en Europa se produjo similar desbandada. Y a eso hay que sumar la salida de los EE. UU. del Acuerdo de París, de la UNFCCC y de hasta 66 organizaciones[14], 31 de ellas de la ONU y 35 el resto, externas. Adicionalmente, la financiación norteamericana oficial para organizaciones presumiblemente climáticas ya no existe. Y por último, la marea de subsidios a las energías eólica y solar, más las masivas ayudas a los vehículos eléctricos, son ya sólo un recuerdo[15].
En otras partes del mundo, partidos políticos como Reform UK[16], Alternative für Deutschland, los partidos National y Liberal de Australia, el Liberal Democrático japonés y muchos otros en otros países menos relevantes en el entorno internacional, rechazan frontalmente las veleidades suicidas de las instituciones multilaterales de todo pelaje.
Por supuesto que Naciones Unidas y sus coros seguirán apostando por lo que pretenden: enriquecerse incesantemente y destruir Occidente. Pero el relato ya ha caído. Lo siguiente será la ONU.
[1] Este artículo de basa en Climate Change and Energy: World Leaders in Turmoil – Watts Up With That?
[2] Intergovernmental Panel on Climate Change (1988).
[3] Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, traducción de United Nations Framework Convention on Climate Change (1992).
[4] Usted, lector, acaso lo recuerde por su fundador, Klaus Schwab, Es un foro de decisores globalistas. El WEF data de 1971, En la cumbre del evento WEF Sustainable Development Impact (2020), más de 4.500 sujetos exigieron un “Great Reset for Sustainable Development”, comprometiéndose a alcanzar el Net Zero para 2050 ó antes.
[5] Ustedes perdonen que no utilice el término “renovable” y sí desglose entre dos de las tres más relevantes energías renovables, que no las únicas. La hidroeléctrica, que en países como España podría tener una primacía incontestable junto con la atómica en elenco de energías primarias, ha sido dejada de lado por los progresistas del mundo, unidos. Ahí no hay negocio.
[6] La RP China, la India y los EE. UU. se hallan en cabeza. Tienen su distribución aquí https://globalenergymonitor.org/projects/global-coal-plant-tracker/tracker/
[7] https://iea.blob.core.windows.net/assets/81980a53-9716-47f1-904e-b92a2c4d2ea4/WorldEnergyOutlook2025.pdf
[8] https://www.afr.com/technology/listen-to-larry-fink-data-centres-can-t-run-on-renewables-only-20260127-p5nx9n
[9] https://www.gatesnotes.com/home/home-page-topic/reader/three-tough-truths-about-climate
[10] No se dejen engañar por este caballero. Esta es la jaculatoria de la ONU desde 1960. Pueden verla aquí https://luzdetrentoeditorial.es/libro/desmontando-la-agenda-2030/ . Es otra estafa.
[11] https://www.bbc.com/news/articles/c51yvz51k2xo
[12] O sea, “Más allá del petróleo”. Esa misma chorrada la han hecho potentes compañías españolas del sector. A BP le costó 200 M de dólares, que pagó el accionista, claro. La dirigencia quedó para la pequeña historia como muy sensible a los aspectos medioambientales. Es la hipocresía predominante.
[13] Climate Action 100+ incorporaba 168 empresas con un papel importante a jugar en lo que se creía iba a ser la transición a una economía Net Zero https://www.climateaction100.org/approach/focus-list-history/
[14] https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2026/01/withdrawing-the-united-states-from-international-organizations-conventions-and-treaties-that-are-contrary-to-the-interests-of-the-united-states/
[15] https://www.thomsonreuters.com/en-us/posts/sustainability/one-big-beautiful-bill-act-clean-energy/
[16] Que llama abiertamente Net Stupid Zero a Net Zero, acertando con el adjetivo correcto.
