Les ruego me excusen por haber utilizado el inglés en un lugar tan relevante de este texto, pero venía a cuento. Recuerden la rima infantil inglesa:
Humpty Dumpty sat on a wall,
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king’s horses and all the king’s men
Couldn’t put Humpty together again[1].
Humpty Dumpty era un huevo. Al caer de la valla sobre la que estaba sentado, se destrozó por completo y todos los esfuerzos de los caballeros del Rey no pudieron recomponerlo, como es obvio.
Viene esta rima infantil[2] a cuento del absoluto e irreversible descalabro que ha experimentado (sin marcha atrás) el cuento del cambio climático antropogénico, de tan larga e inverosímil vida, sostenida artificialmente por su maquinadora, la Organización de Naciones Unidas, a través de su criatura, el IPCC[3].
Humpty Dumpty, en este caso, es el conocido como “Acuerdo de Paris” (AP), un a modo de compromiso sin capacidad coercitiva que un gran grupo de países firmó en esa ciudad en 2015 para hacer ver que iban a luchar fuertemente contra las emisiones de gases de efecto invernadero (principalmente, CO2) hasta reducir el crecimiento de las temperaturas[4].
Han pasado 10 años desde la firma. El AP nunca sirvió para nada, pues no es de cumplimiento obligatorio[5], y además sus objetivos son inalcanzables[6]. Pero se hacía como si sí.
¿Por qué digo que esta farsa ha llegado al final del camino? No porque lo haya dicho Bill Gates, que también. No, esta vez lo afirma el New York Times[7] (NYT), uno de los grandes portavoces mediáticos de la mentira institucionalizada. Como es un artículo de pago, se lo desmenuzo gracias a Anton Watts[8]: el mundo ya ha perdido el interés por las políticas climáticas (es una forma de decirlo[9]). Miren el núcleo del artículo del NYT:
“Una década más tarde, vivimos en un mundo muy diferente. Un informe oficial de Naciones Unidas declaró que no se había efectuado ningún progreso en materia climática respecto al año anterior, y varios de los más importantes arquitectos[10] del proceso diplomático … publicaron una carta abierta declarando que la arquitectura[11] del AP estaba obsoleta y que necesitaba reformas importantes”.
¡Vaya por Dios! Y pensar que hace diez años, el AP se vendía poco menos que como si fuera la salvación de la Humanidad…[12]. Ahora, los mismos que hablaban hace una década de “amenaza existencial” dicen ahora que esto es muy difícil; los mismos que impusieron energías caras y no fiables, que aprobaron nuevos impuestos y nos engañaron a todos con historias para no dormir, ahora se encogen de hombros y se retiran por el foro. Los que iban en procesión a las COP[13] a poner el grito en el cielo no aparecen ya en esos escenarios[14].
Y es que les da igual. Los votantes han arrojado por la borda las preocupaciones medioambientales, así que los politicastros actúan en consecuencia. Se acabó.
Wallace-Wells admite que “quizá siempre fue una locura creer que el mundo podría cumplir los compromisos de París y mantener el alza de temperaturas por debajo de 1,5 grados centígrados[15]; quizá eran promesas vacías, como los más informados siempre sospecharon.”[16]
Los escépticos estábamos seguros de que el AP era una farsa con ribetes de moralina “progre”, de que sólo servía para destruir Occidente a través de energías más caras, de distorsiones económicas, de precios subvencionados. El Reino Unido de la Gran Bretaña ya está hundido del brazo de su Net Zero; Alemania sigue sus pasos con una Energiewende irracional y suicida.
La Organización de Naciones Unidas, a través de sus organismos dependientes y con la colaboración inestimable de la UE y sus países miembros y próximos, prometió un camino brillante hacia a salvación del planeta. Lo que ha conseguido es que Occidente quede a los pies de la RP China y estemos próximos a la irrelevancia, cuando no al borde de la autodestrucción. Eso sí, el planeta bien, gracias. Como ya lo estaba antes de esta farsa.
El Acuerdo de París, un Humpty Dumpty de nuestros días, es un mísero huevo que se ha caído desde su inopinado pináculo y se ha roto en mil pedazos. Todos los esfuerzos de las élites del rey multilateralista al servicio de China no lo recompondrán.
[1] Humpty Dumpty se sentó en un muro,
Humpty Dumpty tuvo una gran caída.
Ni todos los caballos ni todos los hombres del Rey
pudieron a Humpty recomponer.
[2] Nunca mejor dicho.
[3] Ustedes saben qué es el IPCC, por sus siglas de Intergovernmental Panel on Climate Change, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, que persigue demostrar lo indemostrable, esto es, que el ser humano es responsable de las variaciones que experimenta el clima.
[4] Usted, lector, conoce este cuento moderno: dícese que las emisiones humanas de CO2 en su esfuerzo por mejorar las economías y las sociedades, elevan las temperaturas del aire, provocando a no mucho tardar un cataclismo por la vía de la elevación de nivel del mar, que inundaría países enteros.
[5] Como perfectamente sabían los plenipotenciarios firmantes; es otra farsa más, puro postureo.
[6] Se lo explico en detalle aquí https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/ anticipando con claridad lo que iba a pasar. Bueno, ya ha pasado.
[8] https://wattsupwiththat.com/2025/09/19/the-paris-delusion-collapses-even-the-new-york-times-admits-it/
[9] Esto lo dice un tal David Wallace-Wells, que escribe en ese medio (y es un adalid del apocalipsis climático, amén de haber elaborado un repugnante libro – The Uninhabitable Earth – para condicionar el pensamiento de los más jóvenes). Pero se ha caído del caballo y ahora reconoce que el consenso global sobre el clima se ha disuelto en la indiferencia, cuando no en el retroceso.
[10] Es una forma de hablar.
[11] ¿De qué van a hablar los arquitectos? Pues de arquitectura.
[12] Barack Obama declaró que el AP era “nuestra mejor oportunidad de salvar el planeta”. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, aseguró que la sostenibilidad definiría el Siglo XXI como los derechos humanos habían definido el Siglo XX. Su sucesor, António Guterres, elevó el AP al nivel de las Escrituras, sugiriendo que su significado rivalizaba con el Tratado fundacional de Naciones Unidas. Expertos, activistas y lideres mundiales se felicitaron por alumbrar una nueva era de solidaridad global. En la COP en Glasgow (2021), Boris Johnson aseguró que “estamos a un minuto de medianoche en el reloj del Juicio Final, y debemos actuar ahora”. Al tiempo, el entonces príncipe Carlos de Inglaterra dijo que era “el último baile”. Barack Obama dijo a los jóvenes que se enfadaran y canalizaran su frustración hacia cada vez mayores demandas de acción climática.”
[13] Acrónimo por Conference of the Parties, el aquelarre anual de la ONU en materia climática.
[14] Ni el presidente Biden ni la videpresidente Harris acudieron a la COP29, como tampoco fueron Xi Jinping, Lula da Silva o Emmanuel Macron. De la COP 30, ni hablamos.
[15] Cifra elegida al azar, sin base, sin sentido, sin significado. Pero el AP es así.
[16] No lo sospechábamos; estábamos seguros y así lo demostramos.
