El Ejército Nacional, comandado por Francisco Franco, sólo perdió una capital de provincia: Teruel. En el libro “Franco sin adjetivos” https://www.sndeditores.com/libro/francisco-franco-sin-adjetivos_158908/ lo cuento en detalle, que copiopego aquí. Como sabemos, al poco la recuperó.
“El 15 de diciembre de 1937, sin preparación aérea ni artillera, comenzó la Batalla de Teruel[1], cuyo desenlace resultó decisivo para la Guerra Civil. Ese día, el ejército frentepopulista desencadenó su mayor ofensiva hasta entonces y lo hizo sobre un lugar que no tenía valor estratégico.
Pero sí lo tenía político[2]. Se trataba de atraer los ejércitos de Franco y aligerar así la presión sobre Madrid. Teruel se encontraba ya en situación de avanzada. La escasa[3] guarnición de los nacionales, al mando del coronel Domingo Rey D´Harcourt, reaccionó con vigor y decisión.
Las fuerzas frentepopulistas (Hernández Saravia) ascendían a 100.000 hombres en tres cuerpos de ejército[4]. Llevaban 400 piezas de artillería, 100 tanques y 120 aeronaves. El plan del ya general[5] Rojo era conquistar Teruel con seis divisiones y dejar dos para afrontar la contraofensiva.
Las tropas republicanas estaban seguras de la victoria por la gran desproporción de fuerzas existente. El día 19, las tropas frentepopulistas llegaron a los arrabales de Teruel, donde encontraron una fuerte resistencia. La aviación franquista, con temperaturas de -10°C, no podía obstaculizar el avance frentepopulista. La lucha dentro de Teruel fue casa por casa, con disparos de artillería por parte de los atacantes con los cañones a cero grados de elevación.
El día 23, Franco[6] envió el grueso de sus tropas para contratacar. El frío extremo (-18°C) paralizó las operaciones: los motores se helaban. Había un metro de nieve. El 7 de enero, Rey D’Harcourt rindió Teruel[7]. A mediados de ese mes, los prisioneros más notables, entre ellos los altos jefes militares y el obispo de Teruel, fueron trasladados a Barcelona. La euforia se desbordó en el bando republicano[8]. El gobierno de Negrín se ufanó de la victoria.”
[1] Nada hacía presagiar que la menor de las capitales, con apenas 13.000 habitantes, iba a ser el teatro de la guerra durante dos meses en el más crudo invierno de que había memoria.
[2] El 17 de mayo de 1937, tras los enfrentamientos entre el PCE, el POUM, la CNT y el gobierno, Francisco Largo Caballero (PSOE) dimitió como presidente del gobierno. Le sucedió Juan Negrín (PSOE), quien optó – de acuerdo con el jefe de Estado Mayor, coronel Vicente Rojo – por una estrategia ofensiva con ataques de distracción en frentes secundarios.
[3] El bando nacional contaba con unos 3.000 hombres armados dentro de la ciudad de Teruel (de los cuales casi el 40% no eran militares). A ellos se sumaron 1.000 civiles no entrenados militarmente, llegando a alcanzar 4.000 defensores.
[4] El XVIII (coronel Fernández de Heredia), el XX (coronel Menéndez López) y el XXII (coronel Juan Ibarrola).
[5] Desde octubre de 1937.
[6] Quien captó rápidamente la importancia de la batalla para la moral frentepopulista y veía lo que estaba en juego.
[7] La actuación de Rey D’Harcourt fue analizada en la Auditoría de Guerra de Zaragoza para dilucidar los motivos de su rendición. Su expediente fue sobreseído en 1940; se habían satisfecho las «exigencias del honor y el deber”.
[8] «Minutos antes de las 21:00 el coronel D’Harcourt, que asumía la jefatura de los facciosos en la plaza pidió comunicación telefónica con el Ejército de Levante, general Sarabia, a quien ofreció su rendición y la de las tropas por él mandadas”. Así lo comunicó Rojo a Indalecio Prieto, ministro de Defensa. El coronel Rey D´Harcourt, prisionero de la República, fue asesinado el 7 de febrero de 1939 en un barranco de Can Tretze, no lejos de Pont Molins, Cataluña, junto a otro defensor de Teruel, el teniente Pérez del Hoyo, el obispo Anselmo Polanco y otras 37 personas más. Fueron ametrallados por un grupo dirigido por el comandante Pedro Díaz (PCE). Tras su muerte fueron rociados con gasolina y quemados.
