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Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Estelas en el cielo

por | 23 Jun 2025 | Otros artículos

A veces, al levantar la mirada en espacios abiertos, vemos estelas, procedentes de aviones que surcan el cielo. Llaman la atención, tanto más cuanto menos frecuente es su observación, sí, pero también por el patrón que a veces dibujan esas estelas en el espacio.

Al hilo de ese fenómeno han surgido voces que desconfían de la inocuidad de las estelas y que interpretan su existencia desde una perspectiva de recelo, entendiendo que el fenómeno no es una consecuencia simple de vuelos a determinada altitud, sino que esconderían acciones contra la salud o por la modificación del clima. Vamos a analizar el fenómeno.

¿A qué puede corresponder la aparición de estelas[1] en la baja atmósfera? Las explicaciones son dos, básicamente.

Una, la más divulgada y hasta obvia, es que se deben al vapor de agua. Se forman cuando el vapor de agua a alta temperatura que expelen los motores (de hélice o a reacción) de los aviones se condensa inmediatamente y se congela acto seguido, formando cristales de hielo suspendidos a altitudes superiores a 8.000 metros, donde la temperatura alcanza los – 40°C. Eso hace que las estelas se vean perfectamente desde grandes distancias.

En función de la humedad y la temperatura, las estelas permanecerán más o menos tiempo en la atmósfera[2]. Si ésta se halla próxima al límite de saturación de humedad, la estela puede permanecer visible largo tiempo[3]. Si la atmósfera está seca, la estela se disipará pronto[4].

Otra explicación, que ha venido ganando adeptos por pura desconfianza en las instituciones en general y en las agencias meteorológicas en particular[5], es la de que existe una conspiración global para intervenir en la atmósfera o en el suelo; si en la atmósfera, para modificar el comportamiento de las temperaturas[6] o para alterar el funcionamiento del tiempo atmosférico; si en el suelo, para afectar a los humanos o a los alimentos de forma que incida en el efecto destructor de vidas que también supuso la pandemia de COVID procedente del laboratorio de investigación biológica de Wuhan, en la República Popular China. [

Tanto si el objetivo es incidir sobre el clima como si se trata de dañar a la población, los efectos sedicentemente buscados se lograrían liberando a la atmósfera productos químicos (o bacterias no especificadas) que inducirían efetos dañinos sobre las personas. Las estelas, en este caso, bien se pueden definir como “estelas químicas”.

Vamos por partes.

Empecemos por las manifestaciones afirmativas o asertivas: nadie duda de la hipótesis número uno, es decir, que las estelas son epifenómenos del funcionamiento de los motores de aviación.

Su existencia se conoce desde la primera descripción[7] disponible, en 1918, durante la Primera Guerra Mundial.

Sigamos, ahora con la hipótesis número dos: ¿habría detrás de algunas de esas estelas un objetivo distinto, dañino?

Es un hecho que un porcentaje nada despreciable de la población cree que algunas o muchas de las estelas no son sólo vapor de agua, sino que contienen elementos como sales de bario y aluminio, estroncio, torio o carburo de silicio, así como fibras de polímero[8], todos lanzados a la atmósfera desde hace décadas[9], cada vez con más frecuencia[10].

¿Qué hay de cierto en ello? Los intentos de verificar esa hipótesis se han revelado baldíos. No hay evidencias científicas al respecto[11]. No hay datos verificables sobre pulverizaciones, que son rechazadas por prácticamente todos los analistas científicos, la NASA y otros[12]. No es verosímil que una actuación global coordinada esté siendo realizada desde hace décadas por parte de miles de implicados[13] sin que se hayan producido fugas de información que rompan el secreto. Las muestras tomadas (irregularmente, al no respetar los protocolos) en agua de lluvia no revelan trazas de metales pesados en el entorno.

Ojo, no estamos hablando de dispersión de sustancias químicas para fines conocidos, aceptados, funcionales y benignos, como son fumigación de cosechas[14] o sembrado de nubes para inducir precipitaciones o dispersarlas[15].

En última instancia, no parece verosímil que se intente envenenar aire y/o suelo con fines de distinta índole, sobre todo porque desde 8.000 metros de altura no hay bombardeo de partículas que alcance objetivo alguno con una mínima precisión. Así, los eventuales inductores de las maléficas siembras estarían dañándose a sí mismos o a los suyos. Este es un argumento que es recomendable aplicar siempre.

Veamos a qué me refiero. Las élites políticas, sociales y económicas viven en áreas propias, dotadas de seguridad, comodidades y libres de contaminación atmosférica[16]. Por poner un ejemplo, los residentes en Moscú cuando tuvo lugar el experimento fallido de Chernobil utilizamos ese mismo argumento. Cuando observamos que los lideres del Partido Comunista de la URSS seguían en Moscú haciendo vida normal, supimos que estábamos seguros y fuera del alcance de la contaminación por isótopos radiactivos.

Pues mutatis mutandis por lo que se refiere a las quimioestelas. Cuando vean huir a esas élites y sus familias, preocúpense (o mejor, ocúpense). Mientras tanto, no es preciso.

[1] En inglés, el término contrail (estela de vapor) es una contracción de condensación y estela (condensation y trail), así como chemtrail es una contracción de las palabras químico y estela (chemical y trail), En español podemos utilizar estela y quimioestela.

[2] Tiende a ser bastante tiempo, porque el hielo se sublima lentamente.

[3] Quienes piensan que hay un complot en las estelas afirman que las estelas químicas se pueden distinguir de las estelas de vapor por su mucha mayor duración; aseguran que cuando las estelas persisten durante 12 horas o se transforman en nubes tipo cirros, se trata de estelas químicas.

[4] Los expertos en fenómenos atmosféricos aseguran que las supuestas estelas químicas son simples estelas de condensación de vapor bajo condiciones cambiantes en términos de luz solar, temperatura, cizalladura del viento y niveles de humedad a la altitud de vuelo de los aviones.

[5] Con bastante razón, a juzgar por el comportamiento de muchas de ellas a la hora de respaldar la teoría canónica del calentamiento global antropogénico, falsa de principio a fin, pero muy rentable para sus colaboradores.

[6] Por la vía de la gestión de la radiación solar.

[7] Esa descripción procede de la ofensiva de Meuse-Argonne en la Primera Guerra Mundial. El primer informe de una estela de condensación persistente data de 1921. Hay muchas fotografías de estelas de la Segunda Guerra Mundial.

[8] Además de bacterias no especificadas.

[9] Las teorías referidas a la existencia de una conspiración comenzaron a aparecer tras un informe de la United States Air Force (USAF) publicado en 1996 sobre modificación de patrones atmosféricos. A finales de esa década, la USAF fue acusada de pulverizar a la población con “sustancias misteriosas” desde aviones, generando “patrones inhabituales de estelas”. En los EE. UU., los carriles de vuelo que siguen el Sistema Nacional del Espacio Aéreo forman retículas. Desde el suelo es difícil determinar si las estelas superpuestas están a altitudes similares o no. Diversas teorías aparecieron en Internet y de ahí saltaron a algunos medios, sobre todo radiofónicos.

[10] Las estelas de concentración crecen con el número de vuelos, cada vez mayor.

[11] Gran parte de las supuestas estelas químicas son en realidad cirros, siempre a gran altura.

[12] La NASA en solitario en 2017. En el año 2000, la Agencia de Protección Ambiental (EPA), la Administración Federal de Aviación (FAA), la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) en 2020 publicaron una respuesta conjunta que intentaba disipar los rumores.

[13] Científicos, técnicos, pilotos, personal de mantenimiento, entidades civiles y militares, instituciones, empresas.

[14] Los más viejos del lugar recordarán la hipótesis alternativa a la oficial referida a los envenenamientos que tuvieron lugar en España en 1981 por aceite de colza desnaturalizado, originalmente para usos industriales, que fue desviado a consumo. Hubo 330 muertos y unos 22.000 afectados, muchos de gravedad y de manera permanente. Un científico aventuró que se trataba de consecuencias de fumigaciones al establecer correlaciones débiles (que interpretó como causación) entre los vuelos registrados y las localidades de Madrid donde se habían dado casos. No fue tal.

[15] Las primeras para contrarrestar sequias: las segundas, para prevenir inundaciones o por razones institucionales, como celebración de actos importantes al aire libre.

[16] Recuerden: el CO2 no es un contaminante. El señor alcalde de Madrid parece no saberlo, o en todo caso, le da lo mismo. Lo suyo es prohibir.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.