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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Llamar a Draghi … para que todo siga igual

por | 7 Mar 2025 | Economía, Globalización

Ustedes conocen seguramente el fenómeno conocido como lampedusianismo[1], por otro nombre gatopardismo. Se refiere a una cualidad de las élites flexibles (por inmorales) de toda organización política, perfectamente capaces de adoptar no importa qué postura para seguir disfrutando de su posición.

El gatopardismo goza de excelente salud y brilla en todo su esplendor en la cúpula directiva de la Unión Europea, las de muchos de los Estados miembros, las de los partidos políticos que sustentan el tinglado, las direcciones empresariales y sindicales asociadas y, en conjunto, de quienes disfrutan del hipertrofiado sistema de Estado de Bienestar que se ha instrumentado en las últimas décadas.

Para apuntalar este gatopardismo galopante ha encargado Ursula von der Leyen este informe a Mario Draghi.

Repasemos lo indicado en la primera parte[2] de estos dos artículos[3]. El Informe Draghi (ID) señala tres causas para el retraso relativo de la UE frente a sus socios mundiales, es decir, los EE. UU. y la RP China. Son el fin de la energía barata, la demografía suicida y los socios, que han devenido “no fiables”. El ID asegura que “We have to scale back some, if not all, of our ambitions[4]”. Es una afirmación seria: o resolvemos, o nos quedamos para administrar, viene a decir.

Pero la UE no se limitará a administrar, pues su objetivo es hacerse con el control total de la vida de los ciudadanos de los países de la UE a través de la vía jurídico-administrativa, con la aquiescencia obsecuente de un Parlamento Europeo afín … mientras lo sea.

¿Qué  se encuentra en medio del camino de la UE frente a naciones y ciudadanos, según la segunda parte del ID?

Primero, la falta de adecuada comunicación sobre las prioridades. El ID percibe un desenfoque entre el establecimiento de objetivos, las prioridades subsiguientes y las políticas que deberían ponerlos en práctica. Pone como ejemplo el objetivo de la innovación. Se pretende competir con los EE. UU. y con la RP China, pero la regulación ahoga a las PYMEs[5] que podrían operar como agentes de la innovación. …

Segundo, el despilfarro de los recursos comunes a la UE, refiriéndose fundamentalmente a financiación. El ejemplo del ID se refiere a la industria de defensa, extremadamente dispersa entre las naciones cuyos Estados integran la UE[6].

Tercero, la falta de coordinación en materia de política industrial, política fiscal[7], política comercial y política de relaciones internacionales en la persecución de una estrategia industrial común.

Llama la atención poderosamente que el ID no insista tanto en resolver los tres grandes problemas de la UE: el exceso de burocracia e intervencionismo que el propio ID ha detectado, la estúpida[8] y suicida política energética[9] que está llevando al cierre a diversos sectores (no sólo los intensivos en energía, aunque éstos están directamente condenados), y una demografía que no repunta en modo alguno y que condena a la irrelevancia a sus sociedades.

Y tras recordar estas tres consideraciones de pura mercadotecnia (es decir, no esenciales; es decir, irrelevantes para el problema que nos/les ocupa), el ID pone la lupa en la gigantesca financiación necesaria para llevar a cabo la estrategia que propone[10].

¿Cómo obtendrá la UE los recursos financieros precisos para materializar los objetivos que se supone ha establecido? Antes de contárselo recuerden la teoría: la financiación llega vía liquidez disponible, por endeudarse, por incrementar los impuestos (el endeudamiento aboca a esta solución a largo plazo), por ampliar artificialmente la base monetaria sin equilibrio contable y por la llegada de un financiador externo con o sin contrapartidas[11].

Una de las vías que ofrece el ID es acudir a los mercados de capitales, es decir, endeudarse de las diferentes maneras que existen al respecto.

El segundo camino que sugiere es crear un espacio fiscal propio, es decir, absorber la política fiscal de los Estados miembros[12].

No hay más soluciones en el documento, y no es porque el señor Draghi no sepa proponer otras. Lo que sí hay es una clara inducción para actuar sin demora. Es lógico, pues la UE se está descomponiendo políticamente. Cada vez más países ven crecer en su interior a fuerzas políticas opuestas a la pertenencia a la UE, a la que ven como una agrupación excluyente con intereses globalizantes propios. Si no se da prisa la Comisión, corre el riesgo de implosionar. Como lo hizo la URSS en su día al llegar a un límite económico y político irremontable.

Si la UE no recupera una senda de eficiencia energética aceptable por sus bajos precios relativos, que permita incrementar la competitividad empresarial y mejorar su situación en el mercado global, todo lo demás que intente es inviable.

Si la UE no confiere libertad a sus empresas para adoptar sin interferencias los caminos de investigación y desarrollo que le son propios, no habrá ni objetivos, ni prioridades ni políticas que valgan.

Si la UE no arbitra medidas para incrementar la natalidad y educar a sus vástagos en la cultura del esfuerzo, reduciendo el alcance de la absorción de recursos ajenos vía impuestos, ese muro se interpondrá en su camino.

Y por encima de todo, si la UE no revierte Inmediatamente la invasión (la llaman inmigración) que se viene produciendo desde hace décadas y se ha hecho insostenible, los Estados-Nación tomarán un camino distinto. El ID no dice nada de esto porque no tenía este encargo, pero es clave en la supervivencia de la UE.

(Este artículo ha aparecido en el número 511 de la Revista Seguritecnia, correspondiente a Enero-Febrero de 2025, página 101)

[1] El término procede del escritor italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896–1957), autor de una sola novela, “El gatopardo” cuya acción se desarrolla durante la unificación italiana del Siglo XIX. El gatopardismo refleja el cinismo de los partidarios del Antiguo Régimen, quienes se adaptaron gustosos a los profundos cambios políticos con tal de preservar sus privilegios. Hay una frase que lo sintetiza: “que todo cambie para que todo siga igual”.

[2]  https://www.seguritecnia.es/tecnologias-y-servicios/inteligencia/llamar-a-draghi-analisis-informe-draghi_20241230.html

[3] “El informe Draghi termina su introducción explicando que no es posible … atender simultáneamente a las necesidades en materia tecnológica, energética, social y de independencia en la arena mundial. Propone un cambio radical. ¿Que cómo instrumentarlo? Lo veremos en el próximo análisis”.

[4] O sea, “tenemos que retroceden en alguna, si no en todas, de nuestras ambiciones”.

[5] El 50% de ellas lo refleja en las encuestas realizadas al respecto. No hablan tanto de los excesivos impuestos porque los han internalizado, pero asimismo gravitan sobre las cuentas de resultados.

[6] A este respecto, nadie cree realmente que los países cuya industria de defensa tiene alguna importancia vayan a facilitar su absorción en una agrupación común con las de los otros Estados de la UE.

[7] El lector sin duda recuerda que la UE no puede tener Política Fiscal propia porque carece de competencias al respecto, que residen en los Estados miembros. No es una sutil sugerencia, es una declaración de guerra.

[8] Definición RAE de “estúpido”: 1. adj. Necio, falto de inteligencia. U. t. c. s. A su vez, “necio” es, según ese mismo organismo, “Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber”. La UE debería saber que el Net Zero es inalcanzable y va a destrozar nuestras economías y nuestras sociedades. Lo hemos comentado en la primera parte de este análisis.

[9] Algo se ha hecho en este campo, sin embargo: la declaración de la energía nuclear como “energía verde”, un paso en la buena dirección que no es asumido por todos los Estados miembros ni ofrece resultados inmediatos, que llegan con un decalaje de entre 5 y 10 años, dependiendo de la tecnología aplicada, los medios técnicos y financieros disponibles, el cuerpo de empresas industriales asociado al proyecto y la normativa interna.

[10]  No lo olvidemos ni por un instante: Von der Leyen ha encargado este informe a Draghi para justificar sus planes.

[11] Dos ejemplos, uno público y otro privado. El púbico es el Plan Marshall, instrumentado por los EE. UU. al final de la II Guerra Mundial en territorio europeo. Fueron donaciones en un 90% de los aproximadamente 13.000 millones de dólares que supuso. La contrapartida fue no tanto la adquisición de bienes de equipo norteamericano cuanto la oferta de capitales frente a la expansión soviética. El caso privado es el de la inversión extranjera productiva directa en una economía que no es la suya. A cambio de un chorro de beneficios para la empresa beneficiada, quiere réditos, presencia en el mercado, influencia, producción a bajo coste …

[12] Lo que resulta imposible salvo ratificación constitucional individualizada.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.