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Carta de los martes 6 de septiembre de 2022

por | 6 Sep 2022 | Carta de los martes

Carta de los martes del 6 de septiembre de 2022

Queridos amigos:

Hoy comienza una nueva etapa de la Carta de los martes. De la estructura anterior mantendrá la efemérides y la frase del día. Las noticias, generales o tecnológicas, salen de la Carta y serán recogidas en su sección correspondiente. Así podremos tratar la inmediatez con rapidez, como corresponde.

El 6 de septiembre de 1937 terminó la batalla de Belchite, que tuvo lugar durante la Guerra Civil española. Ésta se había desencadenado como consecuencia del fracaso parcial del levantamiento de 18 de julio de 1936. Ya había transcurrido un año y, con carácter general, el avance del ejército nacional, comandado por Francisco Franco, se había revelado incesante, de manera que controlaba cada vez mayor territorio. Más aún, había cercado las provincias del norte[1] que todavía no estaban bajo su mando.

Desde casi el principio de la guerra, Aragón había quedado dividida de Norte a Sur. Las tres capitales[2] se hallaban en zona nacional. El primer intento de revertir la situación se había saldado en un fracaso. Tuvo lugar durante el mismo verano de 1936 cuando columnas de milicianos procedentes de Cataluña[3] intentaron tomar Zaragoza. La segunda intentona aconteció entre el 12 y el 19 de junio de 1937, contra Huesca. Fracasó por la ineptitud militar de los anarquistas, quienes, además de ser arrasados, no pudieron impedir la toma de Bilbao por el ejército de Franco[4]. El tercer intento fue el que acogió la batalla de Belchite.

Como es conocido, las tropas nacionales, frenadas en su intento de conquistar Madrid, se habían encaminado a tomar el frente Norte, que sabemos aislado del restante territorio de la República. Las industrias y recursos minerales de la zona eran fundamentales para el esfuerzo bélico. El Estado Mayor republicano[5] concibió una operación de distracción[6] de gran envergadura para retirar tropas franquistas de Santander y Asturias, pues Bilbao ya lo habían perdido[7]. Se trataba además de foguear el recientemente recompuesto Ejército Popular Republicano[8][9]. El objetivo fue Zaragoza, la gran capital de Aragón, importante nudo de comunicaciones y centro logístico de los nacionales.

El peso del ataque contra Zaragoza fue asignado al Ejército del Este, comandado por el general Sebastián Pozas Perea e integrado por unos 80.000 soldados, distribuidos en 8 divisiones y varias brigadas mixtas. Allí se encontraban el V Cuerpo de Ejército, al mando de Juan Modesto, procedente de Madrid, y la 11ª división (Enrique Líster), más la 46ª división de Valentín González, El Campesino, la 45ª división de Emilio Kléber (Manfred Zalmánovich Stern) y la 35ª de Walter (Karol Swierczewski)[10]. Noventa aviones (en su mayoría cazas soviéticos Polikarpov I-15, Chatos, y Polikarpov I-16, Moscas) y 105 de los inmejorables tanques T-26 soviéticos los acompañaban. Para este ataque relámpago, que debía lograr la conquista de la capital aragonesa en un día, las instrucciones eran muy precisas: avanzar, y cuando se encontraran con puntos de resistencia, rodearlos sin perder tiempo. Ya se reducirían más tarde.

Para defender Zaragoza, el general Miguel Ponte contaba con tres divisiones de infantería y 3 brigadas móviles, que quedaban en reserva. Unos 70.000 hombres, más 65 aviones alemanes y una compañía de tanques italianos ligeros[11]. Dados los escasos medios de que disponía y la anchura del frente, el general Ponte preparó una ristra de núcleos de resistencia bien pertrechados y resistentes, entre ellos Belchite.

El plan republicano consistía en lanzar simultáneamente tres ataques centrales y cinco secundarios en una franja de 100 km. entre Zuera y Belchite[12]. Se trataba de cercar Zaragoza y atacarla entonces (el tercer ataque central) desde el propio Ebro mientras se distraía a las tropas nacionales con los 5 ataques secundarios[13].

Al amanecer del 24 de agosto, sin preparación artillera, comenzó la ofensiva. Los republicanos cortaron la carretera entre Zaragoza y Huesca por Zuera. Otra agrupación atacó Villamayor, pero no pudo tomarla. En el sector centro y sur, los frentepopulistas avanzaron rápido, sobrepasando y cercando Belchite, Quinto y Codo, donde los nacionales resistían tenazmente[14], para continuar hasta Fuentes de Ebro, donde se detuvo el avance al encontrar fuerte resistencia.

Al día siguiente, los republicanos continuaron la ofensiva. En el flanco norte volvieron a fracasar en Villamayor. Perdieron Zuera, lo que permitió a los nacionales restablecer las comunicaciones por carretera con Zaragoza. En el centro y sur, el ejército frentepopulista conquistó con enormes dificultades Quinto (tomado casa por casa por la 15ª Brigada Internacional) y Codo, e iniciaron las operaciones contra Belchite.

Los días 26 y 27 consiguieron ganar finalmente Villamayor y también Puebla de Albortón. Les quedaba superar la línea Mediana-Fuentes de Ebro. Los republicanos sabían que, si conseguían superar esta línea, llegarían a las puertas de Zaragoza. Los nacionales también lo sabían y por ello, emplearon todos sus medios en defender este sector del frente.

El día 28 llegaron desde Madrid los primeros refuerzos nacionales: la 150ª división (Sáenz de Buruaga) se desplegó en Fuentes de Ebro y la 13ª división (Barrón), lo hizo en Mediana. Ese era el frente clave. También se incorporaron 80 aviones italianos, que empezaron a reducir la superioridad aérea republicana existente desde el inicio de la batalla.

Los refuerzos nacionales detuvieron la ofensiva republicana sobre Fuentes de Ebro. Ahí se acabó la esperanza de conquistar Zaragoza[15]. La ambiciosa intentona fue un fracaso. Frustrados, los ejércitos frentepopulistas se centraron en la toma de Belchite: hacía falta un triunfo que justificara el esfuerzo realizado y ese triunfo iba a ser Belchite. Pero Belchite no estaba dispuesto a rendirse fácilmente. El pueblo estaba bien defendido, con ametralladoras, barricadas en las calles y defensores en cada casa. Al mando estaba el teniente coronel Enrique San Martín, con unos 6.000 combatientes decididos a resistir todo lo que hiciera falta: 2.273 soldados regulares, junto con requetés, falangistas y civiles del pueblo armados, liderados por su alcalde (y comandante), R. Alfonso Trallero.

El 29 de agosto, los republicanos conquistaron la ermita de El Pueyo. El 30 tomaron el vértice Voladico y el cementerio[16]. El 31, la estación de ferrocarril y la fábrica de aceite: el casco urbano ya estaba cercado. Se cortó el suministro de agua y empezaron los bombardeos sistemáticos sobre el pueblo, preparando el asalto. Corrieron a cargo tanto de la aviación del Frente Popular como de las posiciones artilleras en el Cabezo del Lobo, a cuatro kilómetros de la localidad.

El 1 de septiembre, un total de 24.000 hombres, con especial protagonismo de las brigadas de las divisiones de Líster y del general Walter[17], atacaron Belchite. El día 2, los republicanos tomaron el Seminario. La 15ª Brigada Internacional, apoyada por tanques, llegó hasta la calle Mayor, entablándose durísimos combates casa por casa[18]. Al día siguiente, la lucha continuó, sin que los republicanos avanzaran: los defensores no estaban dispuestos a retroceder[19]. El día 4, los atacantes incendiaron parte del pueblo y volaron edificios, de manera que sólo quedaban en manos de los defensores el área en torno a la iglesia de San Martín, la iglesia de San Agustín y el ayuntamiento. El día 5, los frentepopulistas conquistaron San Martín, el hospital[20] y parte del ayuntamiento. Esa noche, 300 defensores, conducidos por el comandante falangista Joaquín de Santa Pau, rompieron las líneas enemigas para escapar. Sólo unos 100 lo lograron. El día 6, los republicanos vencieron en Belchite y todo terminó. La conquista del pueblo costó a los republicanos más de 2.800 muertos y 6.000 heridos. Los defensores tuvieron unos 2.000 muertos y 2.411 prisioneros.

Esta victoria elevó la moral republicana, pero la ofensiva constituyó un nuevo fracaso; ni había logrado conquistar Zaragoza, ni pudo detener el ataque nacional contra Santander. Su gran logro fue tomar Belchite y mejorar la línea de frente aledaña.

El motivo fundamental del fracaso del ejército frentepopulista fue el empecinamiento en tomar Belchite, Codo y Quinto, a pesar de las instrucciones en sentido contrario recibidas del Estado Mayor. La épica resistencia de los nacionales en Belchite detuvo la ofensiva contra Zaragoza porque la conquista de ese núcleo mantuvo ocupados a un gran número de hombres y medios militares del Ejército Popular que habrían podido ser utilizados en el avance hacia la capital aragonesa, el principal objetivo de la operación. Adicionalmente, el tiempo malgastado habilitó la llegada de refuerzos a la línea principal de defensa de Zaragoza.

La lucha casa por casa dejó el pueblo completamente devastado. Belchite nunca se reconstruyó y se convirtió en una nueva leyenda para el bando nacional, que el 10 de marzo de 1938 reconquistó la localidad.

La frase de hoy es del ministro de Defensa de la República cuando Belchite, Indalecio Prieto. Resumió magníficamente la amargura y decepción de los políticos del Frente Popular. Está en un telegrama que Prieto dirigió al general Pozas, al frente del Ejército del Este: “Tantas fuerzas para tomar cuatro o cinco pueblos no satisfacen ni al Ministerio de Defensa ni a nadie”. No era la primera vez ni fue la última. Los grandes estrategas de la República no eran tan grandes tácticos, a lo que se pudo ver.

Cordiales saludos

José-Ramón Ferrandis

Belchite (calle principal) 07.jpg

Una calle de Belchite en 2009

[1] Asturias, Santander y Vizcaya.

[2] Zaragoza, Huesca y Teruel, más Jaca.

[3] Dirigidas por Buenaventura Durruti.

[4] Precisamente el 19 de junio de 1937.

[5] Al frente del cual se hallaba el coronel Vicente Rojo.

[6] No fue la única vez; lo hizo en los alrededores de Madrid (batalla de Brunete), concebida para retrasar la ofensiva del Norte. Lo hizo aquí, en la batalla de Belchite. Lo hizo en diciembre de 1937 en Teruel y lo replicó, ya por última vez, en la Batalla del Ebro, en julio de 1938. En todas ellas fracasó.

[7] El diseño de la ofensiva fue anterior a la perdida de Bilbao, pero el objetivo general apenas varió.

[8] Constituido en octubre de 1936 según las características del ejército soviético (comisarios políticos armados incluidos), con objeto de sustituir a los milicianos, muy ineficientes.

[9] Había objetivos secundarios adicionales, por razones de orden político y propagandístico. Por un lado, el gobierno central estaba preocupado por la influencia anarquista (CNT) en el Consejo Regional de Defensa de Aragón y del y POUM en el frente de Aragón. Por el otro, la idea del gobierno era arrebatar una gran ciudad al ejército de Franco.

[10] Estas dos, nutridas por miembros británicos, canadienses y norteamericanos de las Brigadas Internacionales. Con harta frecuencia, el ejército de la República utilizó las Brigadas Internacionales como tropas de choque, enviados al asalto de posiciones enemigas, lo que provocó una enorme mortandad en sus filas.

[11] Posteriormente se unirían a la batalla 80 aviones italianos (40 cazas Fiat Cr 32, 20 bombarderos Savoia y 20 aviones de transporte) y dos divisiones más de infantería.

[12] Dividir las fuerzas atacantes entre ocho puntos distintos tenía la finalidad de dificultar el contraataque de los nacionales, claramente inferiores en número y medios.

[13] Para conseguir estos objetivos, el ejército republicano se separó en agrupaciones: una atacaría Zuera, para cortar las comunicaciones entre Zaragoza y Huesca. Otra (Kléber) atacaría Villamayor, cerca de Zaragoza. Otra avanzaría para rodear Quinto, muy bien defendido por 1.200 soldados dotados de dos baterías de artillería, morteros y ametralladoras. Otra (Modesto, divisiones 11ª, 35ª y 46ª, más la 4ª brigada de caballería), atacaría entre Belchite y Quinto. Y, por último, la 25ª división republicana, avanzaría en el sur contra Puebla de Albortón.

[14] Los 200 requetés del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat que defendían Codo frente a miles de enemigos se hicieron merecedores de la Laureada de San Fernando colectiva por dicha acción.

[15] Las tropas de la 45.ª División Internacional (Kléber) llegaron a seis kilómetros de Zaragoza.

[16] El día 30, el general Pozas subió al vértice Lobo para ver como caía el pueblo. Le acompañaba el coronel Rojo, jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de la República. Se habían precipitado.

[17] Conformada por la 32ª brigada y las 11ª y 15ª brigadas internacionales.

[18] Debido al estallido de uno de los morteros que estaban utilizando, murieron varios de los mandos nacionales, entre ellos el alcalde.

[19] En muchos casos, los brigadistas internacionales fusilaban a los defensores cuando se rendían. El día 5 de septiembre fueron reemplazados.

[20] Donde capturaron a 200 heridos enemigos.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.